Los días se me pasan muy rápidos, la verdad que no me entero de lo que hago o dejo de hacer.
Desde la última vez que escribí me ha dado tiempo a encontrar piso, a mudarme, a salir corriendo de una manifestación, a resolver todo tipo de burocracias, a viajar, a conocer muchísima gente nueva, a no escribir nada, a dejar de responder algunos mensajes, a dejar de hacer cosas que debería hacer, a gastar dinero, a leer, a tomar té, mucho té, a descubrir tiendas, paisajes, coger barcos, tranvías, buses, entrar a mezquitas, mejorar el inglés, olvidarme de tratar de aprender turco en academia, visitar mi escuela, beber cerveza, mucha cerveza, más cerveza que té. A ver como la gente de la ciudad vive, como es su día a día, interactuar con ellos, ser un estambulí más, a comenzar a sentirme como en casa y no como un turista, empezar a comprender que como mínimo estaré aquí durante un año, que un año es mucho tiempo, que un año se pasa rápido, que tengo tantas cosas por hacer y que no paro de hacer cosas. Que los días se están empezando a planear solos, que ya comenzamos a estar lejos de ese grupo de personas que no se conocía de nada, que eran tímidos, que hablabamos en una lengua que no es la nuestra, pero que poco a poco lo va siendo, que ya no es difícil quedar con la gente, que ahora es difícil cuadrar a la gente. Que en breves estaré empezando un curso que pinta francamente bien, que las asignaturas que aqui se imparten con distintas, que soy erasmus.
Como dice Laura, "Es tu Erasmus".
Que uno comienza a encontrar su sitio, a sentirse agusto, que tal vez sea pronto para decir esto, pero las cosas pintan muy bien, se, que va a ser una gran año en una gran ciudad, y, no me cabe la menor duda, que con unas grandes personas. Por que te das cuenta de que la gente que ha elegido Estambul, es gente con inquietudes, con ambiciones, gente que quiere conocer cosas nuevas, gente arriesgada y sin miedo. Ayer mismo, cambio a modo anécdota, estábamos un grupo de nueve españoles aproximadamente y una alemana, que estuviésemos todos hablando inglés, eso yo no lo hubiese pensado nunca. Que cuando no te das cuenta y hablas en español a alguien (irremediable) te diga, oye, dímelo en inglés que esta aquí ****** y no habla español. A mi me ha sorprendido muchísimo.
Realmente estoy enamorado de la ciudad, de la plaza de Taksim por la que paso mínimo cuatro veces al día, de mi universidad, de las vistas que tengo desde su último piso, de su patio y el gato tuerto, de la calle Istiklal en su recorrido hasta Tünel, de como tienes que zigzaguear para esquivar a las personas, de los vendedores de helado que tratan de vender más haciendo malabares, de los puestos ambulantes, de la diferencia que hay de un edificio a otro, del viejo tranvía que cruza la calle lleno de turistas, de los niños que se agarran a la parte trasera para viajar gratis, de los miles de restaurantes para turistas, de los turistas que tratan de hablar en inglés ante un turco, de las miles de tiendas vintage que te encuentras, del callejón griego, del café de mustafa donde puedes disfrutar de un té y una tosta en la nube de humo que supone ir a esa terraza. Enamorado de la simpleza de la torre de Gálata que se ha hecho un hueco en una multitud compleja, de la gente que a sus pies bebe cada noche, de cada cuesta que bajas, de cada cuesta que después subirás, de los trenes, los autobuses, los barcos y el metro que organizan a casi veinte millones de personas. Del puente de Gálata donde están cada día los pescadores tratando de conseguir sus seis o siete pesacadillas, de sus cañas, de sus caras cansadas y pacientes, de los barrios de Eminönü, Sultanahmet, Besiktas y Beyoglu, de sus nombres que cada vez que quiero escribir los tengo que buscar, de las mezquitas, de los minaretes que rasgan el cielo, de las puestas de sol que cada día me sorprenden más, del mar, de su inmensidad, de los cientos de ferrys que cada día van de un lado al otro uniendo dos mitades, de la parte europea, la parte asiática, de la ironía de que la asiática sea más europea que su contraria. De las personas y el ambiente, de cada bar con música turca en directo, de los pub en los que puedes ver la liga española cada día, de la comida, los durums, los simit y los zumos de naranja malos y baratos que puedes comprar en cualquier esquina, del restaurante de la mujer mayor, del café urban, de las miles de teterías, de los nombres imposibles, de las papeleras que no hay, de los sacos de tabaco que venden, de la gente que duerme en cada esquina, de los perros y gatos callejeros y alimentados por los ciudadanos, de las llamadas a la misa, del Gran Bazar, de cada una de sus calles, del café turco y su capacidad para predecir el futuro, del Bazar de las especias y las no especias que vende, de tratar de regatear el precio y no poder. Enamorado del no urbanismo, de la ausencia de pasos de peatones, de los no semáforos, del ritmo que eso supone, de los pasadizos subterráneos que te ayudan a no ser atropellado, de los cables del tranvía que interrumpen todas las buenas fotos, del interior de las mezquitas, del sentimiento de que esta ciudad es inacabable, infinita.
Total y perdidamente enamorado de que la "c" se pronuncie como "ll", de los miles de mapas que acumulo en mi habitación, de los puertos, de la noche turca, de como se iluminan las mezquitas y se hacen notar, de los flashes que surgen de los barcos nocturnos, de los taxis ocupados por más de cinco personas, de los erasmus y en general de los turistas, de las lluvias repentinas, de Efes, de Boomonti, del té, de la unidad en una ciudad tan grande. Enamorado del hombre que canta algunas noches por Istiklal, del anciano que con su nieto toca una especie de guitarra pequeña, de las maravillosas islas príncipe, de como quedan a lo lejos del paisaje, del parque Gezi, de la autenticidad de las cosas, de las prendas falsificadas, del libro "Estambul" que una buena amiga me regalo y no puedo parar de leer, de como sonrío cada vez que reconozco un sitio que leo, de como cada vez la ciudad me acoge más y mejor.
Contento, porque esto solo es el principio, contento porque Estambul "no tiene ni centro ni final" (O.Pamuk).
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