martes, 1 de octubre de 2013

La correra.

Hoy vengo a escribir aquí de cosas serias, y la verdad es que no se si esto será publicado o no, tengo que pensarlo.

Es sobre los sentimientos, sobre cómo se siente alguien que está lejos de su familia, lejos de sus amigos, fuera de su país y sobretodo lejos de su hogar. Esto no es una queja, no es un texto que trate de expresar lo duro que es empezar de cero en otro lugar, para nada, lo que se pretende aquí no es más que recordar, tener en cuenta que hay una parte de ti que se queda en otro lugar. No es un texto en el que nadie diga que es difícil los primeros días, porque siendo sincero no lo ha sido.
Venir a un lugar nuevo, por elección propia, habría que estar tarado para no disfrutar cada segundo de esta aventura. Al principio tal vez lo que sientes es esa mezcla de miedo e intriga que no te deja dormir por las noches a no ser que el alcohol te acune después de una buena juerga, además he de añadir que el ataque constante de mosquitos complicaba muchísimo la situación. Ese miedo va desapareciendo debido a que la intriga se va disipando al ver que lo que hay aquí es lo mismo que en cualquier lado, la gente duerme, la gente se despierta, la gente va al trabajo (o no) y después vuelve a casa más o menos satisfecha, la religión, la ropa que se vista o la comida que se coma al final es lo mismo, es solo cuestión de costumbre.

Posteriormente, al perderse el miedo aparece la ilusión, esto es, sientes que te vas a comer el mundo, llego tu año, todos conocemos esa sensación, estas paseando, duchándote o escuchando esa canción que te pones para venirte arriba y empiezas a pensar lo bien que te puede ir todo si desde el primer día te dejas la piel en cada aspecto, te sientes capaz de cuadrar estudios y ocio, capaz de recuperar viejas amistades, de hacer nuevas e incluso, porque no, de aprender a tocar la condenada guitarra que te compraste cinco años atrás y ahora está abandonada en una esquina de tu cuarto. Te sientes invencible, piensas en lo bien que te va a ir todo, pero al final de todo este proceso llegas a la universidad, empiezas las clases y la rutina de nuevo te agarra a lo que antes eras, dejas de tener tiempo para el ocio, las canciones que antes escuchabas ya están resabidas y por un día que no te duches no pasa nada…
Cuando ya superas la primera semana de burocracia y aún estas vivo mentalmente, te das cuenta  de que lo peor ya ha pasado, aún recuerdo tiempo atrás cuando me decía a mí mismo y a mi gente cercana “yo lo único que quiero es verme allí, con mis asignaturas y mi casa, lo demás ya llegará”. Bueno, cuando por fin ya tienes tu casa y tus asignaturas y puedes dedicarte algo de tiempo te das cuenta que ese “todo lo demás” que te tiene que te tiene que llegar ya se ha instalado en tu vida, es tuyo, de ti depende. Comienzas a conocer a la gente nueva te das cuenta de que no son superpersonas maravillosas que te esperabas, que es igual que siempre, está la gente cercana, la gente a media distancia y los gilipollas de turno, si los hay en todas partes. Te sientes un poco perdido, no sabes cómo es en realidad la gente, vas dando palos de ciego, todos somos muy agradables al principio pero ya nos conocemos.

Finalmente, cuando ves que te apetece algo, coges el móvil y ves que tienes once contactos, te sientes… añoras. Te gustaría estar plácidamente en tu casa, cerca de esa gente que sabes que si o si te acompañarían, mejor dicho te pedirían la hora y el lugar para quedar. Tu no rutina, esos momentos que no son nada del otro mundo, que no aprecias como si fuese un viaje de verano, que es algo de lo que a la larga te olvidarás pero que a la corta presumes, esas quedadas que te dan la vida en mitad de la semana, ese sentimiento que te hace sentir que no estas tirando tu vida por una correra (cosa+carrera, cuando se aclare el plan de estudios ya sabremos como llamarlo…) ni por un futuro del que nunca te podrás cercionar. Esa es la segunda cosa que más se echa en falta en la distancia, el sentimiento de seguridad que te da el saber que tienes lo de siempre donde siempre y como siempre, estar acompañado aun estando solo.

Pero lo peor, lo que más se echa en falta, en mi caso, es el trato con la gente cercana. Hace poco estaba hablando con una amiga que me ha motivado a escribir esto, yo estaba hablando con ella como si estuviese en frente de mí, no hay distancia, pero el no poder abrazar, el no sentirte al lado de, eso no es lo mismo. Parece una tontería pero es terriblemente duro, no sé y soy así me gusta sentir a la gente, me gusta abrazar, aquí es imposible que cojones vas a abrazar a una persona que conoces de un mes, ¿Para qué? No tiene ningún sentido, no tiene sentimiento, al final el último sentimiento es el de vacío porque sabes que aquí no tienes eso que necesitas y que en tu casa es una maldita rutina sin importancia y que sin darte cuenta te da la vida.

Solamente quería remarcar que esto es solamente el proceso que he tenido aquí y por lo que aproximadamente estoy pasando, digo aproximado porque solo tengo tiempo para pensar ahora que he decidido, tras unas tres horas de Skype con distintas personas, no hacer proyectos y dejarlo para mañana. 

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