domingo, 20 de octubre de 2013

Bursa.

Aquí os dejo la parte mas esencial del viaje a Bursa de este fin de semana pasado.

Que lo disfruteis.


"Bueno, mención aparte para la mezquita de Bursa, un lugar que a mi personalmente me sobrecogió, apareció un sentimiento de vacío total, como si yo no valiese nada en el mundo, aquel lugar es impresionante, no es como la sensación que te puede provocar una catedral donde dos direcciones se apoderan de tu perspectiva y te obligan a mirar hacia el cielo, no en una mezquita te pierdes en todas las direcciones, eres consciente de que lo que tienes a tu alrededor es mucho más que un Dios que está ahí arriba, te das cuenta de que te rodea un mundo de posibilidades, de personas, un mundo del que tu formas parte pero en ningún momento eres el centro. Además del sentimiento que el lugar provoca en ti, después esta el ambiente que existe en una mezquita, en una iglesia parece que se da culto a un entierro constante y no se esta permitido hacer nada, una mezquita es mucho mas que un lugar donde dar culto, es un centro de ocio, es un lugar donde los niños pequeños juegan, los adultos se reúnen y los ancianos simplemente miran, observan y meditan. El ambiente que se desarrolla en una mezquita es la vida en si misma, desde los comienzos hasta los finales. Es un lugar que tiene un uso las veinticuatro horas, un lugar en el que puedes pasar tu tiempo libre, siempre respetando que es un templo o lugar sagrado, pero al fin y al cabo por lo que yo percibí, una mezquita es la perfecta mezcla entre culto y ocio, ese tipo de edificio híbrido que tanto nos hacen buscar en proyectos, ese tipo de edificio que funciona durante todo el día y tiene un rendimiento total y que si además de todo esto no fuera poco, encima las personas lo cuidan y se sienten parte de el.
Puede que mi admiración por las mezquitas venga por mi falta de conocimiento sobre las mismas, la novedad que supone en mi vida o quizá es que tengo razón, en cualquier caso, la experiencia fue muy enriquecedora y jamás la olvidaré.


Volviendo de nuevo al motivo de este cada vez más largo episodio, quería retomar mi historia y el viaje de Bursa una vez salimos de la mezquita.
Después de la visita al templo, Laura y yo aunque aún teníamos tiempo, decidimos volver al puerto para poder coger con tiempo los billetes del ferry y volver a Estambul sin ningún problema, así pues, nos pusimos en marcha y nada salió mal, estuvimos allí dos horas y media antes de que el ferry que habíamos decidido tomar partiera. Teníamos mucho tiempo de espera así que decidimos ir a cenar algo, escogimos un sitio cercano al puerto y que tenía buen aspecto, comida turca original o por lo menos eso parecía.
La verdad que la comida no estaba nada mala, comimos una pizza turca cada uno con tres tipos de carne en cada una y un poco de queso. Acabamos muy satisfechos con la cena pero la anécdota en la cena no la puso la comida, sino la mesa de al lado. Cuando aún no había llegado nuestro plato a la mesa entro en el restaurante una familia islámica, padre, madre con burka, y tres hijos, dos niños y una niña. Bueno primero de todo señalar el constante impacto que para alguien como yo, recién salido de su país resulta el ver comer a una mujer con velo, sin poder verla nada más que la línea de los ojos. La sensación de intriga va más a allá de cómo puede ser el mero físico de la mujer, sino de cómo se debe de sentir, de cómo debe ser su día a día e incluso como debe de haber sido su educación para asumir ese papel de tan buena manera. La verdad que la idea de poder tener una conversación don la mujer acerca de lo que piensa del burka o de cómo es su vida estuvo rondando en mi cabeza durante lo que quedaba de viaje y aún cuando pienso en ello la intriga sigue ahí, preguntándome el como serán las cosas en su vida.
La otra cosa que me llamó la atención de aquella mesa fue la mirada del niño más mayor, no llegaría a los diez años, y es que no paraba de mirarnos a Laura y a mi como, así lo describió Laura cuando salimos del restaurante, “un niño pequeño ve a una persona negra por primera vez”. Pensándolo, más tarde, te das cuenta de que aquí el diferente, el inmigrante eres tú, que no estás en un barrio de musulmanes, sino que eres un “occidental” en un país musulmán. Aquí no existe ningún problema simplemente reflexionar sobre donde estoy, como estoy y lo que soy aquí y sobretodo, compartir ese sentimiento de “desplazado” que una persona siente cuando va a un país que no es el suyo. Ahora que escribo, pienso en el viaje y recuerdo cosas, me viene a la mente otro momento en el que me sentí realmente mal, fue la vez que Laura y yo entramos en el bus que nos llevaba al puerto, según subimos todo el autobús entero nos dedicó una mirada de más de cinco segundos que por un momento nos hizo sentir que se nos invitaba a salir del bus. Tampoco quiero decir que se nos echará ni mucho menos señalar que fuese una actitud racista, para nada, fue la reacción que todos tenemos cuando algo así ocurre en nuestro país, cuando nosotros mismos nos quedamos mirando como auténticos idiotas a gente que es distinta a nosotros. No pensamos necesariamente que esa persona sea mala, simplemente le dedicamos unos segundos a pensar “vaya, y este de donde ha salido”. La verdad que es curioso como la mirada de un niño puede abrirte tanto los ojos." 

martes, 8 de octubre de 2013

de cómo pasar del amor al odio en menos de un minuto

Esto no va a ser una entrada larga, no tengo mucho tiempo y he dormido muy poco estos dias asique no me apetece mucho escribir la verdad, pero hacía mucho que no me pasaba por aquí asique hoy ya tocaba.

El tema principal del que os voy a hablar es de mi querida compañera de habitación (luego en función de si me queda tiempo os hablaré de la carrera y de la gente con la que me voy topando)

Resulta que mi compi de cuarto, para los que no lo sepais, es una chica búlgara (al principio fue como uuui que bien, otra Sandy!), el caso es que la chica tiene 31 años para ser exactos (el otro día fue su cumpleaños).  Cuando la conocí, y en general, es una chica maja, correcta, limpia y educada... el problema es que, como ya se sabe a veces las apariencias engañan y la tía tiene unas peculiaridades que me están desquiciando... por ejemplo siempre está abriendo la ventana, a todas horas, le da igual que fuera llueva y que haya una temperatura de 6 grados, la tía la abre y punto. Sin preguntar. Y claro, así estoy yo, con un resfriado y un dolor de garganta increíbles. Lo gracioso del tema es que la habré dicho unas tres mil veces que no lo haga, pero nada, la tía erre que erre con su i need fresh air y ale venga a abrir la dichosa ventanita... después otra cosa muy curiosa son sus horarios de abuela: se va a la cama a las 10-11 y duerme hasta la 1 de la mañana del dia siguiente, yo de verdad que creo que está pasando por una etapa de hibernación porque si no no me lo explico. Y ya por último es el festival de olores que prepara en la habitación porque se pasa de sus 11 horas de día como 7 comiendo... pero bueno, ya se sabe...las "ventajas" de compartir cuarto son alucinantes...

Mmmm...más o menos voy bien de hora asique os voy a contar un poco como es la Uni aquí...
De momento no tengo mucho que contar, porque llevo dos semanas de "clases" y por ahora hoy es el primer día que he tenido una clase como tal y ha durado 1 hora... Los profesores aquí van con una calma de alucine...resulta que hasta que no pasa un mes o así no se ponen a trabajar en serio...como consecuencia de esto mis mañanas suelen ser: madrugar, ir a la uni, tener 5 minutos de charla con el profesor, salir y tener que esperar dos horas hasta la no clase siguiente... hay que tomárselo con filosofía y muuucha paciencia.
Este cuatrimestre, menos por proyectos, que en teoría he escogido a un profesor bastante jodido (pero ojo, el tío construye y hace cosas bastante interesantes), pienta dentro de lo que cabe relajado porque tengo más optativas que principales asique bueno, espero tener tiempo para seguir viajando y demás.
Una de las asignaturas de las que más estaba orgullosa de haber elegido es diseño de interiores...que risas cuando he ido a la clase y zasca! lecciones en perfecto esloveno... pero bueno, se hará lo que se pueda,

Otro día os hablaré de la cafetería (que es alucinante, es como una bodega en la que despacha una señora que podría ser mi madre) y de la sala de trabajo, que es increíble, pero como os he dicho al principio ando un poco mal de tiempo. Ahora me tengo que duchar e ir a una conferencia ssobre la luz en la arquitectura.

Muchos besos!

Ester

martes, 1 de octubre de 2013

La correra.

Hoy vengo a escribir aquí de cosas serias, y la verdad es que no se si esto será publicado o no, tengo que pensarlo.

Es sobre los sentimientos, sobre cómo se siente alguien que está lejos de su familia, lejos de sus amigos, fuera de su país y sobretodo lejos de su hogar. Esto no es una queja, no es un texto que trate de expresar lo duro que es empezar de cero en otro lugar, para nada, lo que se pretende aquí no es más que recordar, tener en cuenta que hay una parte de ti que se queda en otro lugar. No es un texto en el que nadie diga que es difícil los primeros días, porque siendo sincero no lo ha sido.
Venir a un lugar nuevo, por elección propia, habría que estar tarado para no disfrutar cada segundo de esta aventura. Al principio tal vez lo que sientes es esa mezcla de miedo e intriga que no te deja dormir por las noches a no ser que el alcohol te acune después de una buena juerga, además he de añadir que el ataque constante de mosquitos complicaba muchísimo la situación. Ese miedo va desapareciendo debido a que la intriga se va disipando al ver que lo que hay aquí es lo mismo que en cualquier lado, la gente duerme, la gente se despierta, la gente va al trabajo (o no) y después vuelve a casa más o menos satisfecha, la religión, la ropa que se vista o la comida que se coma al final es lo mismo, es solo cuestión de costumbre.

Posteriormente, al perderse el miedo aparece la ilusión, esto es, sientes que te vas a comer el mundo, llego tu año, todos conocemos esa sensación, estas paseando, duchándote o escuchando esa canción que te pones para venirte arriba y empiezas a pensar lo bien que te puede ir todo si desde el primer día te dejas la piel en cada aspecto, te sientes capaz de cuadrar estudios y ocio, capaz de recuperar viejas amistades, de hacer nuevas e incluso, porque no, de aprender a tocar la condenada guitarra que te compraste cinco años atrás y ahora está abandonada en una esquina de tu cuarto. Te sientes invencible, piensas en lo bien que te va a ir todo, pero al final de todo este proceso llegas a la universidad, empiezas las clases y la rutina de nuevo te agarra a lo que antes eras, dejas de tener tiempo para el ocio, las canciones que antes escuchabas ya están resabidas y por un día que no te duches no pasa nada…
Cuando ya superas la primera semana de burocracia y aún estas vivo mentalmente, te das cuenta  de que lo peor ya ha pasado, aún recuerdo tiempo atrás cuando me decía a mí mismo y a mi gente cercana “yo lo único que quiero es verme allí, con mis asignaturas y mi casa, lo demás ya llegará”. Bueno, cuando por fin ya tienes tu casa y tus asignaturas y puedes dedicarte algo de tiempo te das cuenta que ese “todo lo demás” que te tiene que te tiene que llegar ya se ha instalado en tu vida, es tuyo, de ti depende. Comienzas a conocer a la gente nueva te das cuenta de que no son superpersonas maravillosas que te esperabas, que es igual que siempre, está la gente cercana, la gente a media distancia y los gilipollas de turno, si los hay en todas partes. Te sientes un poco perdido, no sabes cómo es en realidad la gente, vas dando palos de ciego, todos somos muy agradables al principio pero ya nos conocemos.

Finalmente, cuando ves que te apetece algo, coges el móvil y ves que tienes once contactos, te sientes… añoras. Te gustaría estar plácidamente en tu casa, cerca de esa gente que sabes que si o si te acompañarían, mejor dicho te pedirían la hora y el lugar para quedar. Tu no rutina, esos momentos que no son nada del otro mundo, que no aprecias como si fuese un viaje de verano, que es algo de lo que a la larga te olvidarás pero que a la corta presumes, esas quedadas que te dan la vida en mitad de la semana, ese sentimiento que te hace sentir que no estas tirando tu vida por una correra (cosa+carrera, cuando se aclare el plan de estudios ya sabremos como llamarlo…) ni por un futuro del que nunca te podrás cercionar. Esa es la segunda cosa que más se echa en falta en la distancia, el sentimiento de seguridad que te da el saber que tienes lo de siempre donde siempre y como siempre, estar acompañado aun estando solo.

Pero lo peor, lo que más se echa en falta, en mi caso, es el trato con la gente cercana. Hace poco estaba hablando con una amiga que me ha motivado a escribir esto, yo estaba hablando con ella como si estuviese en frente de mí, no hay distancia, pero el no poder abrazar, el no sentirte al lado de, eso no es lo mismo. Parece una tontería pero es terriblemente duro, no sé y soy así me gusta sentir a la gente, me gusta abrazar, aquí es imposible que cojones vas a abrazar a una persona que conoces de un mes, ¿Para qué? No tiene ningún sentido, no tiene sentimiento, al final el último sentimiento es el de vacío porque sabes que aquí no tienes eso que necesitas y que en tu casa es una maldita rutina sin importancia y que sin darte cuenta te da la vida.

Solamente quería remarcar que esto es solamente el proceso que he tenido aquí y por lo que aproximadamente estoy pasando, digo aproximado porque solo tengo tiempo para pensar ahora que he decidido, tras unas tres horas de Skype con distintas personas, no hacer proyectos y dejarlo para mañana.